En la recta final de su mandato, el presidente Gustavo Petro enfrenta un escenario político marcado por el aislamiento progresivo dentro de su propio entorno de poder y por crecientes tensiones entre los integrantes de su círculo más cercano. A diferencia del inicio de su gobierno en 2022, cuando contaba con un equipo amplio y diverso para impulsar las reformas estructurales prometidas en campaña, hoy el jefe de Estado parece apoyarse en un grupo reducido de colaboradores de máxima confianza, lo que ha concentrado la toma de decisiones y acentuado las disputas internas.
La reducción de ese círculo de confianza no solo obedece a salidas forzadas de funcionarios, relevos ministeriales y rupturas políticas con antiguos aliados, sino también a la desconfianza que se ha instalado en la Casa de Nariño frente a sectores que, aunque llegaron como parte de una coalición de centro e izquierda, han terminado distanciándose del proyecto original del petrismo. Este reacomodo ha generado un ambiente de competencia interna por el control de cuotas de poder, influencia sobre el presidente y capacidad de orientar la agenda gubernamental.
Las fricciones entre figuras clave del Gobierno se han vuelto más visibles y frecuentes, afectando la coordinación entre ministerios y debilitando la ejecución de las políticas públicas. En varios casos, las disputas no son solo ideológicas, sino también estratégicas y personales, lo que ha derivado en mensajes contradictorios, choques de liderazgo y una percepción de desorden en la conducción del Estado. Este clima de tensión interna se suma a las dificultades externas que enfrenta el Ejecutivo, como la resistencia del Congreso a las reformas, la presión de la oposición y el creciente malestar ciudadano por temas como la seguridad y la economía.
Desde las bases petristas, la preocupación es cada vez mayor. Militantes y sectores sociales que respaldaron con entusiasmo la llegada de Petro al poder advierten que la inestabilidad en el núcleo del Gobierno puede terminar debilitando el proyecto político en su conjunto. Temen que la falta de cohesión y de una dirección clara en los últimos meses de la administración afecte la capacidad de mostrar resultados concretos y, en consecuencia, complique la aspiración del petrismo de mantenerse en el poder en las elecciones de 2026.
En este contexto, el presidente enfrenta el desafío de recomponer confianzas, ordenar su equipo y recuperar cohesión política en un momento decisivo. La manera en que gestione las tensiones internas y redefina su círculo de poder será determinante no solo para el cierre de su gobierno, sino también para la viabilidad electoral del movimiento que lo llevó a la Presidencia y que busca prolongar su proyecto más allá de su mandato constitucional.
