La relación entre la vicepresidenta Francia Márquez y el presidente Gustavo Petro ha llegado a un punto de quiebre evidente, luego de meses de tensiones soterradas y diferencias políticas. En un discurso reciente, Márquez no solo hizo pública la distancia que hoy la separa del jefe de Estado, sino que también expuso lo que calificó como un proceso de exclusión dentro del propio gobierno que ayudó a construir.
Durante su intervención, Márquez denunció que ha sido tratada como una “traidora” por discrepar con algunas decisiones del Ejecutivo, especialmente en lo que respecta a la orientación de ciertas políticas sociales y de inclusión. Estas declaraciones no solo confirman un distanciamiento político, sino que sellan una ruptura institucional dentro del llamado “Gobierno del cambio”.
Francia Márquez, quien fue pieza clave en la llegada de Petro al poder, ha venido perdiendo protagonismo en el Ejecutivo. Sin embargo, lejos de replegarse, ha comenzado a desplegar una estrategia para reposicionarse políticamente y rescatar su imagen pública de cara al último año de gobierno y, sobre todo, con miras al escenario electoral que se avecina. En este nuevo enfoque, Márquez está fortaleciendo su presencia en regiones marginadas, retomando sus banderas de lucha ambiental y de justicia social, y consolidando alianzas con sectores sociales que sienten que el actual gobierno los ha dejado de lado.
El discurso marcó un antes y un después en la vida interna del Gobierno. Aunque las pullas entre Petro y Márquez no son nuevas, el tono y el contenido de las últimas declaraciones de la vicepresidenta evidencian una fractura que podría tener repercusiones en la unidad del Pacto Histórico y en las posibilidades de continuidad del proyecto político que ambos lideraron en 2022. Ahora, el gran interrogante es si Márquez buscará capitalizar su rol crítico para impulsar una candidatura propia o convertirse en una figura de oposición interna.
La ruptura, por tanto, no es solo simbólica. También plantea escenarios nuevos para el futuro político inmediato del país, en el que la vicepresidenta podría emerger como una voz independiente, desmarcada del discurso presidencial, en un intento por reconectar con las bases populares que la llevaron a ocupar uno de los cargos más altos del Estado.
