Las finanzas públicas colombianas atraviesan uno de sus momentos más delicados. La disponibilidad de recursos en caja del Gobierno nacional se encuentra en niveles históricamente bajos, una situación que ha encendido las alarmas entre economistas, centros de pensamiento y analistas del mercado por los riesgos que representa para el cumplimiento de las obligaciones del Estado.
De acuerdo con informes recientes citados por expertos económicos, la caja del Tesoro Nacional cerró abril de 2026 con cerca de $7,5 billones disponibles, una cifra muy inferior a la registrada un año atrás, cuando superaba los $13 billones. Aunque hubo una leve recuperación frente a marzo, los niveles actuales siguen siendo considerados mínimos históricos para el funcionamiento normal de las finanzas públicas.
Analistas atribuyen esta situación a una combinación de factores: un recaudo tributario inferior a las expectativas, mayores compromisos de gasto, pagos de deuda y una creciente necesidad de financiamiento por parte del Gobierno. Como consecuencia, el Ministerio de Hacienda ha recurrido a emisiones extraordinarias de deuda y otras estrategias para obtener liquidez y atender obligaciones inmediatas.
El centro de estudios económicos ANIF advirtió que Colombia enfrenta una crisis de liquidez que pone presión sobre la gestión fiscal y obliga a tomar decisiones urgentes para estabilizar las cuentas públicas. La entidad señaló que los bajos niveles de caja reflejan una creciente fragilidad financiera que podría afectar la confianza de los inversionistas y elevar los costos de financiamiento del país.
Por su parte, el Comité Autónomo de la Regla Fiscal (CARF) también ha venido alertando sobre el deterioro de la disponibilidad de recursos del Tesoro. Según sus reportes, los saldos se han mantenido persistentemente por debajo de los promedios históricos observados durante los últimos años, mientras la deuda pública continúa aumentando.
Los expertos coinciden en que el problema no significa que el Estado vaya a dejar de funcionar de manera inmediata, pero sí evidencia un margen de maniobra cada vez más reducido para responder a obligaciones corrientes, financiar programas gubernamentales y enfrentar eventuales contingencias económicas. Además, advierten que si no se logra fortalecer el recaudo y corregir los desequilibrios fiscales, el país podría enfrentar mayores presiones sobre el déficit y la deuda pública durante los próximos meses.
La discusión sobre la liquidez del Estado se produce en un momento de alta tensión política y económica, mientras el Gobierno busca mantener la ejecución de sus programas y atender las exigencias presupuestales de cara al segundo semestre de 2026.







